Recomposición de las fuerzas políticas y…vuelta a lo mismo

Por Ulises Redondo Cienfuegos

El uribismo estaba desecho, desacreditado, por esta razón, en 2022, en las elecciones presidenciales hizo un giro calculado para apoyar a Rodolfo Hernández, el abanderado de la “Liga de Gobernantes Anticorrupción” que ni él mismo lo creía, y casi se ganan nuevamente el Baloto de la política.

No sólo el uribismo, también el liberalismo gavirista y el conservatismo estaban en sus últimos estertores, por eso estratégicamente se han inventado nuevos nombres al tradicionalismo político, para reciclarse y engañar incautos, caso Centro Democrático, Partido de la U, Cambio Radical, Partido Alianza Verde, pero en esencia siguen siendo los mismos con las mismas.

Entre tanto, Duque por hacer trizas el acuerdo de Paz con las FARC-Ep, por favorecer a los banqueros durante el Covid, y por otras tantas triquiñuelas propias de un truhan, sin quererlo fue el “Jefe de debate” de Petro quien ni orondo ni perezoso se perfiló como un candidato presidencial fuerte.

Ganó un presidente progresista, no el primero. Ya se habían sentado en el solio de Bolívar: López Pumarejo y Ernesto Samper, aunque éste último no pudo gobernar, perseguido por el fantasma del Proceso 8 mil. A otros candidatos presidenciales progresistas como Gaitán, Galán, Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro los eliminaron físicamente.

Era supremamente difícil que ganara Petro en una sociedad permeada por la corrupción en las más altas esferas del poder político, se alinearon los planetas: ¿dejaron que Petro ganara?

Pareciera una estrategia maestra. Dejan Ganar a Petro, pero no lo dejan gobernar para que fracase. En esa empeño están los nuevos adalides del neoliberalismo y las altas cortes.

¿Ganar la elección presidencial? ¿Acaso no era imposible derrotar a los poderes institucionales corruptos permeados por el narcotráfico? ¿Acaso no era dizque imposible derrotar a la toda poderosa Registraduría en manos de un contratista como Thomas Greg & Sons, que es el amo y señor de los software y que se ha negado a que le hagan auditorías a los procesos electorales.

A la elección presidencial de 2022, le precedió un ambiente convulsionado de lucha contra la corrupción. El estallido social puso en jaque al sistema corrupto. La estrategia se hizo más fina, por si ganaba Petro. Había algunas dudas. Corrieron a infiltrar al Pacto Histórico, en las elecciones al congreso, previendo un posible triunfo del ex dirigente del M-19, y antes de que se instalará como inquilino en la Casa de Nariño, ya estaba en el congreso el “gatopardismo” del Pacto Histórico y ya se habían tomado la dirección política de la coalición Pacto Histórico con un tal señor Eduardo Noriega, delegado del partido Colombia Humana ante el Pacto Histórico, quien venido del liberalismo pasó al Polo Democrático de la mano de la también ex liberal María Emma Mejía.

En las elecciones territoriales de 2023, el Pacto Histórico fue derrotado estruendosamente por una pésima dirección, muy a pesar de que meses antes, con la hazaña de haber logrado elegir a un presidente, el P.H, gozaba de buena salud, de good and well (algo bueno y bien ejecutado). Un boom publicitario que se difuminó muy pronto, como una pompa de jabón.

Pareciera una estrategia diseñada por el gobierno de los EE.UU. Supongo que el estallido social era más peligroso que la presidencia de Petro. Entonces entre dos “males” se elige el menor. Era más peligroso contener a las fuerzas del pueblo que iban in crecendo; con Venezuela rebelde y Perú en medio de movilizaciones populares por el golpe judicial al Presidente Pedro Castillo, el polvorín podía extenderse por otros paises de America Latina y era menos peligroso elegir a un presidente progresista que disipara a esas fuerzas con la promesa del cambio. Para después completar la tarea boicoteando al gobierno “Potencia Mundial de la Vida” y asegurar el fracaso, hundiendo las reformas sociales que son connaturales a su Plan de Desarrollo, y la puesta en marcha de una fuerza política que “rescatara” al país del caos. Esa “nueva” fuerza la conforman los nuevos adalides del neoliberalismo liderados por Germán Vargas Lleras, los Galán, Miguel Uribe, Néstor H. Martínez, los Lara, Claudia López y su concubina, y el gatopardismo infiltrado en el gobierno nacional, que son el círculo más cercano al Presidente, y que la periodista María Jimena Duzan revela con nombres propios en su potcast: A fondo, emitido por youtube, titulada: La camarilla que gobierna a espaldas de Petro, ellos son: Laura Sarabia, Mauricio Pava, María Fernanda Rangel, Hernán Penagos; a quienes se suman Eduardo Noriega y no tan cercanos pero si influyentes: Roy Barreras y Armando Benedetti, entre otros.

Los nuevos adalides del neoliberalismo hacen fuerza para que Álvaro Uribe sea condenado y vaya a prisión. Con la “muerte” política de Uribe, neutralizan a Duque, a la Cabal y a Paloma Valencia y, con el proyecto de Petro destrozado, les quedaría el camino expedito para colocar a sus alfiles en el congreso y elegir presidente de la República en 2026. Así, habrán “recompuesto” las fuerzas políticas y todo volverá a lo mismo. Como decía Robert Walpole, destacado político inglés: “Quieta non movere”, “No hay que tocar lo que está tranquilo”. Tranquilo para los nuevos adalides del neoliberalismo que podrán gobernar tranquilamente sin oposición real.

Petro, pasará a la historia como un ave de paso, como una golondrina en verano, como alguien con buenas intenciones que quiso y no pudo, que pudo y no quiso, porque se ha mostrado timorato en una coyuntura donde la correlación de fuerzas, con el pueblo a su lado, principalmente, le favorece. El pueblo espera una señal, pero si está tarda, no es oportuna de acuerdo al momento, se puede replegar. Entre tanto, las fuerzas populares llorarán durante muchos años más sus desgracias, se habrá pisoteado una vez más su autoestima, su dignidad y, de ahí al canzancio y a la desesperanza no hay mucho trecho. Y ¿qué tiene eso de extraño? Si las fuerzas del pueblo están acostumbradas al fracaso y a la traición.