Madre, Protectora y Patrullera: La Vida de Alicia Baldovino

Su valentía y dedicación, no solo son ejemplares en el cumplimiento del deber, sino que también dejan una huella imborrable de fuerza y sacrificio.

Por: Emilio Gutiérrez Yance

En las emblemáticas e históricas calles de Mompox, Bolívar, entre el estruendo del tráfico y el murmullo de la gente, Alicia Yohana Baldovino Vides se abre paso con determinación y la firmeza que le otorga su fe en Dios. Más que una patrullera de la Policía Nacional, Alicia es una madre dedicada a sus dos hijos y a su esposo, una combinación que define su enfoque en el cumplimiento del deber y el cuidado de su familia.

Para Alicia, equilibrar su papel como patrullera y como madre ha sido un desafío constante. “Es una lucha diaria”, admite con una sonrisa cansada. “Pero mis hijos, David y Ayelen, son mi motor. Ellos me dan la fuerza para seguir adelante, mientras mi trabajo me enseña el valor de la protección y la seguridad”.

Sus días comienzan muy temprano, mientras el sol apenas ilumina el horizonte y se refleja sobre el caudaloso río Magdalena. Antes de ponerse el uniforme, Alicia se asegura de que sus hijos estén listos para el día que se avecina. “Siempre trato de dejarlos con una sonrisa en el rostro”, comparte con orgullo. “Saben que mamá está ahí para protegerlos, ya sea en casa o en la calle”.

El desafío más grande para Alicia es enfrentarse a situaciones de riesgo sabiendo que tiene hijos que dependen de ella. “Hay momentos en los que el miedo intenta apoderarse de mí”, confiesa con sinceridad. “Pero recuerdo por qué estoy aquí: para proteger a mi familia y a mi comunidad”.

Durante sus patrullajes, lleva consigo el peso de la responsabilidad maternal. Cada interacción con los ciudadanos, cada enfrentamiento con el peligro, está impregnado con la conciencia de que detrás de su uniforme hay una madre que anhela regresar a casa sana y salva. “Mi familia es mi ancla”, afirma con determinación. “El pensamiento de volver a ver a mis hijos me da la fuerza para enfrentar cualquier desafío”.

Pero Alicia no está sola en este viaje. Encuentra apoyo en sus compañeros de patrulla, muchos de los cuales también son padres. “Nos entendemos unos a otros”, explica. “Compartimos nuestras preocupaciones, nuestras alegrías y nuestras esperanzas para brindarles un futuro mejor a nuestros hijos”.

A lo largo de los 14 años que lleva en la Institución, Alicia ha aprendido lecciones invaluables como madre que ha aplicado con sabiduría en su trabajo policial. “La paciencia, la compasión y la determinación, son cualidades que me ayudan tanto en casa como en la calle”, reflexiona. “Ser madre me ha hecho una mejor patrullera, y ser patrullera me ha hecho una madre más fuerte”.

A medida que el sol se pone en el horizonte y las luces de aquella ciudad histórica donde nació, y ahora presta sus servicios, se encienden, Alicia continúa su trabajo con una mezcla de determinación y amor. Porque para ella, ser madre y patrullera no son roles separados, sino partes de una misma misión: proteger, servir y amar.

En el corazón de Alicia Baldovino late el compromiso inquebrantable de una mujer que lucha por un país más seguro y amoroso para sus hijos, un legado que trasciende el uniforme de la Policía Nacional y perdura en el amor eterno de una madre.